La Nueva Ley General de Aguas: Pilar Indispensable para la Certidumbre y el Futuro del Desarrollo Inmobiliario en México 2025
Desde hace más de una década, mi trayectoria en el epicentro del sector inmobiliario mexicano me ha permitido ser testigo de transformaciones profundas y desafíos sin precedentes. Hoy, en 2025, nos encontramos en un punto de inflexión donde la discusión y la próxima implementación de la Nueva Ley General de Aguas no es solo un debate legislativo, sino la columna vertebral que determinará la viabilidad, la sostenibilidad y la rentabilidad de la inversión inmobiliaria en México para las décadas venideras. La certidumbre hídrica se ha convertido no en un lujo, sino en una condición sine qua non para cualquier proyecto de desarrollo inmobiliario que aspire a ser exitoso y perdurable.

México, un país de contrastes y riqueza natural, enfrenta una paradoja hídrica severa. Regiones con estrés hídrico crónico coexisten con otras que experimentan fenómenos extremos de precipitación. El crecimiento demográfico, la urbanización acelerada y el cambio climático han exacerbado una situación que demanda soluciones integrales y marcos regulatorios robustos. En este escenario, la visión de organismos como la Asociación Mexicana de Fibras Inmobiliarias (Amefibra) no es solo pertinente, sino crucial. La búsqueda de un marco que ofrezca reglas claras y certidumbre hídrica para el sector inmobiliario es un llamado a la pragmática y a la visión de futuro, elementos esenciales para cualquier fondo de inversión ESG México o desarrollador comprometido con la sostenibilidad.
El Panorama Hídrico Mexicano en 2025: Un Reto Ineludible para el Sector
El año 2025 nos encuentra con un ecosistema de inversión donde la resiliencia y la sostenibilidad no son solo tendencias, sino criterios de peso en la valoración de activos. La escasez de agua no es una amenaza lejana; es una realidad palpable que impacta directamente la planeación urbana, la disponibilidad de terrenos y, en última instancia, el valor de las propiedades. La gestión sostenible del agua no es una opción, sino una exigencia impuesta por la naturaleza y los mercados financieros globales. Los inversores, cada vez más conscientes de los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), exigen que los proyectos inmobiliarios demuestren un compromiso genuino y medible con la eficiencia hídrica en construcción y la tecnología de gestión del agua en edificios.
La nueva Ley General de Aguas emerge en este contexto como una oportunidad inmejorable para redefinir la relación entre el desarrollo urbano y el recurso hídrico. Lo que el sector inmobiliario necesita no es una restricción indiscriminada, sino un marco que equilibre el derecho humano al agua con la necesidad de infraestructura y vivienda, promoviendo al mismo tiempo la innovación y la responsabilidad. La ley debe ser un catalizador para el desarrollo urbano resiliente, fomentando prácticas que minimicen la huella hídrica y maximicen el aprovechamiento del recurso.
Pilares Clave de la Nueva Ley para el Desarrollo Inmobiliario Sostenible
Desde la perspectiva de un experto con una década en el terreno, hay varios puntos críticos que la Ley General de Aguas debe abordar para verdaderamente impulsar un sector inmobiliario competitivo y responsable:
Claridad Regulatoria y Transmisión de Derechos: Uno de los mayores obstáculos para la inversión sustentable en México ha sido la ambigüedad en la asignación y transmisión de derechos de agua. Una ley clara debe establecer procesos modernos y eficientes que faciliten la planeación estratégica. Esto incluye mecanismos transparentes para la adquisición, transferencia y uso de derechos de agua, otorgando así la predictibilidad que los desarrolladores e inversores necesitan para comprometer capital a largo plazo. La certeza jurídica en este ámbito reduciría significativamente el riesgo percibido en los proyectos, abriendo las puertas a una mayor inversión tanto nacional como extranjera en bienes raíces verdes.
Protección y Priorización del Derecho Humano al Agua: Es incuestionable que la ley debe salvaguardar el acceso universal al agua potable. Sin embargo, la manera en que se articula esta protección con las necesidades del desarrollo es fundamental. El sector inmobiliario, especialmente los grandes proyectos de infraestructura y vivienda, tienen un rol crucial en la provisión de soluciones que complementen y no compitan con el abasto público. La ley debe fomentar sistemas de gestión duales, donde el aprovechamiento de agua pluvial para usos no potables en inmuebles, el tratamiento y reutilización de aguas grises, y la implementación de sistemas de ahorro en cada edificación, se conviertan en estándares. Esto reduce la presión sobre las fuentes tradicionales y asegura el cumplimiento del derecho humano al agua para todos.
Incentivos para la Innovación y la Eficiencia Hídrica: La ley no debe ser únicamente punitiva; debe ser un motor de cambio positivo. La inclusión de mecanismos que incentiven la adopción de tecnologías hídricas de vanguardia es vital. Esto podría materializarse a través de exenciones fiscales, facilidades crediticias o certificaciones de sostenibilidad inmobiliaria que reconozcan y recompensen a los desarrolladores que implementen sistemas de vanguardia, como la captación de lluvia, el tratamiento biológico de aguas residuales in situ, o la integración de sistemas de monitoreo inteligente del consumo de agua. Tales medidas no solo impulsan la sostenibilidad, sino que también mejoran la rentabilidad a largo plazo de los proyectos y atraen a inversores ESG que buscan activos resilientes.
Colaboración Multisectorial y Gobernanza Participativa: La complejidad del desafío hídrico en México exige un enfoque de colaboración. El diálogo abierto que Amefibra ha sostenido con autoridades como la CONAGUA y legisladores, es un ejemplo de lo que se necesita. La Ley General de Aguas debe institucionalizar estos espacios de colaboración entre el gobierno, el sector privado y las comunidades. El sector inmobiliario, con su capacidad de inversión y experiencia en ingeniería y construcción, es un socio invaluable para el diseño e implementación de soluciones hídricas. Las FIBRAs inmobiliarias, por ejemplo, tienen la capacidad de invertir en infraestructura hídrica moderna dentro de sus desarrollos, generando beneficios directos para los usuarios y la red pública.
El Rol de las FIBRAS Inmobiliarias en la Nueva Era del Agua
Las FIBRAs (Fideicomisos de Inversión en Bienes Raíces) en México representan un segmento crucial del mercado inmobiliario. Su vocación de inversión a largo plazo y su estructura de gobernanza les confiere una posición única para liderar la transición hacia una gestión sostenible del agua. La preocupación de Amefibra no es solo corporativa; es un reflejo de una visión más amplia donde la sostenibilidad hídrica se traduce en activos más valiosos y operaciones más eficientes.
Desde mi perspectiva, las FIBRAs deben ser los pioneros en la adopción de prácticas de eficiencia hídrica más allá de lo mínimo requerido. Esto incluye:
Auditorías hídricas continuas: Para identificar áreas de mejora y cuantificar el ahorro.
Inversión en tecnología: Sensores inteligentes, sistemas de reciclaje de aguas grises, sanitarios de bajo consumo y sistemas de riego eficientes en paisajismo.
Capacitación de usuarios y operadores: Fomentar una cultura de uso responsable del agua en todos los niveles, desde el inquilino de una vivienda hasta el administrador de un centro comercial.
Integración de soluciones basadas en la naturaleza: Implementación de techos verdes, jardines de lluvia y sistemas de infiltración que ayuden a la recarga de acuíferos y la reducción de escurrimientos.
Estas iniciativas no solo cumplen con una responsabilidad social, sino que también representan una estrategia inteligente de mitigación de riesgos. Un inmueble con una gestión hídrica deficiente en 2025 enfrentará costos operativos más altos, potenciales multas, y un riesgo creciente de interrupciones en el suministro, lo que inevitablemente afectará su valoración de activos con riesgo hídrico y su atractivo para futuros inquilinos e inversores.
Hacia un Futuro Hídrico Seguro y Transparente: Anticipando el 2025 y Más Allá
Mirando hacia el futuro cercano, para el 2025 y más allá, la implementación efectiva de la Ley General de Aguas será un diferenciador competitivo. Aquellos desarrolladores y FIBRAs que adopten proactivamente los principios de sostenibilidad hídrica no solo cumplirán con la normativa, sino que también capitalizarán la creciente demanda por bienes raíces verdes y resilientes. La planificación urbana hídrica 2025 no puede concebirse sin un componente robusto de adaptación y mitigación frente a la escasez.
La articulación entre el sector público y privado en este esfuerzo es innegociable. La legislación debe ser lo suficientemente flexible para permitir la innovación hídrica en el sector de la construcción, al mismo tiempo que establece límites claros y mecanismos de cumplimiento efectivos. Los mecanismos que faciliten la transmisión de derechos, la modernización de los procesos y la colaboración son esenciales para que la ley no se quede en el papel, sino que se traduzca en soluciones concretas para las comunidades y el desarrollo económico del país.
El diálogo constructivo que se ha mantenido con la presidenta Claudia Sheinbaum y con el equipo técnico de la CONAGUA es un paso fundamental. Demuestra que existe la voluntad de escuchar y entender las complejidades del sector. Este tipo de aperturas son las que forjan marcos regulatorios robustos, equitativos y eficientes, capaces de impulsar un futuro hídrico más seguro, transparente y sostenible para México.

Un Llamado a la Acción para un Futuro Hídrico Responsable
En este momento decisivo, reitero la necesidad de que todos los actores –legisladores, autoridades gubernamentales, desarrolladores inmobiliarios, FIBRAs, inversores y ciudadanos– asumamos nuestra parte de responsabilidad. La Nueva Ley General de Aguas tiene el potencial de sentar las bases para una nueva era de desarrollo en México: una era donde el progreso económico y la prosperidad social no estén reñidos con la sustentabilidad de nuestros recursos más vitales.
Desde esta trinchera de experiencia, insto a todos los involucrados a continuar y profundizar este diálogo constructivo. Es nuestra oportunidad de diseñar una ley que no solo reaccione a los desafíos actuales, sino que anticipe y prepare a México para las realidades hídricas de las próximas décadas. Invierta en el futuro hídrico de México; adapte sus proyectos, innove en sus prácticas y únase a la vanguardia de un desarrollo inmobiliario verdaderamente sostenible. El momento de actuar con visión y responsabilidad es ahora.

