Miles de fieles de diversos Estados de México cruzan el paraje entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl para visitar a la ‘Morenita del Tepeyac’ en la Basílica de Guadalupe

1. Los peregrinos que caminan por el Paso de Cortés recorren al menos 15 kilómetros de pendientes y zonas boscosas.Emiliano Molina

2. En su mayoría, los fieles que transitan entre los volcanes son originarios de municipios de Puebla y Tlaxcala.

3. La peregrinación del Barrio de Santo Domingo, en el corazón de Puebla, se ha realizado por más de 40 años y ha consolidado una familia entre los vecinos alrededor de la manda religiosa.

4. Toño Chaltell Sánchez, de la peregrinación de Santo Domingo, prepara su mochila y su imagen de ‘La morenita’ en San Jerónimo Calera (Puebla).

5, José Roberto Pedro Celestino León Orea ‘El Meco’ abraza a su hija Yeri antes de emprender su peregrinación. El Meco lleva más de 30 años realizando este recorrido y es el más grande del grupo de Santo Domingo.

6. Ricardo Sánchez, hermano de Toño, recibe la bendición de su madre Agustina antes de emprender el camino a la Basílica, en su casa de San Jerónimo Calera.

7. Imágenes de la Virgen de Guadalupe en el piso del municipio de Momoxpan (Puebla) tras un pequeño descanso de los peregrinos de Santo Domingo.

8. Toño Sánchez y su madre Agustina comen tamales antes de que los peregrinos de Santo Domingo (Puebla) emprendan su camino.

9. Misa en la parroquia de San Jerónimo Calera (Puebla) la mañana del 8 de diciembre, donde se pide por el bienestar de los peregrinos que se encaminarán a la Basílica de Guadalupe.Emiliano Molina

10. César Cruz sale de la Parroquia del barrio de Santo Domingo para emprender su segundo año de peregrinar a ‘La Villa’.Emiliano Molina

11. Miembros de la peregrinación de Santo Domingo posan a las afueras de la iglesia del barrio el 8 de diciembre.Emiliano Molina

La Nueva Ley General de Aguas 2025: Pilares de Certidumbre y Sostenibilidad para el Futuro Inmobiliario Mexicano
Como experto con una década en el entramado del sector inmobiliario y la gestión de recursos en México, he sido testigo de primera mano de cómo la legislación y las condiciones ambientales moldean radicalmente nuestro panorama de desarrollo. La aprobación y subsecuente implementación de la Ley General de Aguas en 2025 no es solo un hito legislativo; es un parteaguas crucial que redefine los cimientos sobre los que se construirá el futuro de nuestra infraestructura y, por ende, el valor de la inversión inmobiliaria en México. En un país donde la escasez hídrica se agudiza y la presión sobre los recursos naturales es innegable, este marco legal emerge como la herramienta indispensable para garantizar la certidumbre hídrica que tanto demandan los proyectos de desarrollo.

El espíritu de esta nueva ley trasciende la mera administración del líquido vital; busca integrar una visión holística que articule el acceso, la gestión sostenible y una planificación estratégica del agua. Desde las trincheras de la construcción sostenible y la planificación urbana inteligente, hemos abogado incansablemente por un sistema que entienda las complejidades del crecimiento y las necesidades técnicas y operativas inherentes a la expansión metropolitana. La ley de 2025, afortunadamente, atiende muchos de estos llamados, estableciendo un sendero más claro para la coexistencia del desarrollo económico con la conservación ambiental.
I. El Nuevo Marco Regulatorio: Navegando la Certidumbre Hídrica en 2025
El paso de la Ley General de Aguas de ser un tema de intenso debate a una realidad operativa en 2025 representa una transformación fundamental para la viabilidad de proyectos inmobiliarios. Durante años, la incertidumbre en el acceso y la gestión del agua ha sido un factor de riesgo significativo, ralentizando inversiones y encareciendo desarrollos. Ahora, con un marco legal fortalecido, se busca mitigar estas inseguridades.
La Asociación Mexicana de Fibras Inmobiliarias (Amefibra), de la cual he sido parte activa en diversos foros de discusión, ha enfatizado consistentemente la necesidad de reglas claras. ¿Qué significa esta “certidumbre hídrica” en la práctica para un desarrollador o un fideicomiso de inversión en bienes raíces (FIBRA)? Significa la capacidad de proyectar con mayor precisión la disponibilidad de agua para un proyecto residencial, comercial o industrial. Implica conocer los requisitos específicos para la obtención de permisos, las tarifas asociadas y, fundamentalmente, las responsabilidades en materia de gestión y tratamiento de aguas. Esta claridad reduce drásticamente los riesgos de inversión, atrayendo capital nacional e internacional que busca estabilidad y previsibilidad.
La ley no solo establece la priorización del derecho humano al agua, un principio ético y socialmente indispensable, sino que también delinea cómo este derecho se armoniza con las necesidades del desarrollo. No se trata de una dicotomía, sino de un equilibrio. La nueva legislación impulsa la creación de mecanismos que permitan a los desarrolladores contribuir activamente a la infraestructura hídrica local, ya sea mediante la inversión en plantas de tratamiento, sistemas de captación o la modernización de redes. Esto no solo asegura el abastecimiento para sus proyectos, sino que también genera un impacto positivo en las comunidades circundantes, fomentando una verdadera resiliencia hídrica urbana. Este enfoque integrado es clave para el futuro de la inversión inmobiliaria de lujo y de cualquier segmento que busque un retorno a largo plazo en un mercado cada vez más consciente de la sostenibilidad.
II. Gestión Hídrica Sostenible y Tecnologías Innovadoras: La Vanguardia en Construcción
La Ley General de Aguas 2025 actúa como un potente catalizador para la adopción de prácticas de gestión hídrica eficiente en el sector de la construcción. Ya no es una opción, sino una obligación y una ventaja competitiva integrar soluciones innovadoras que minimicen el consumo y maximicen la reutilización del agua. Esto se traduce en un impulso significativo para la infraestructura hídrica inteligente dentro de los desarrollos.
Estamos viendo una explosión en la implementación de tecnologías de tratamiento de agua a pequeña y mediana escala. Las plantas de tratamiento de aguas residuales in situ, los sistemas de reuso de aguas grises para riego o sanitarios, y la instalación masiva de sistemas de cosecha de agua de lluvia (agua pluvial) se están convirtiendo en estándares de facto para proyectos de gran envergadura. Estos sistemas no solo reducen la demanda de la red pública, sino que también generan ahorros operativos significativos a largo plazo para los ocupantes y propietarios. De hecho, la presencia de estas tecnologías avanzadas ya se considera un factor de valorización de propiedades con eficiencia hídrica, impactando directamente en la rentabilidad desarrollo inmobiliario.
La ley promueve explícitamente estas soluciones, ofreciendo incentivos y estableciendo estándares que elevan el listón. Los desarrolladores que integren estas prácticas no solo cumplen con la normativa, sino que también se posicionan a la vanguardia de la construcción sostenible. La obtención de certificaciones como LEED México o EDGE, que ponderan fuertemente el uso eficiente del agua, se vuelve una prioridad. Esto no es solo por el reconocimiento, sino por el acceso a financiamiento hipotecario verde y otros esquemas de financiamiento proyectos hídricos que priorizan la sostenibilidad. La reducción de la huella hídrica en construcción es un objetivo compartido, y la ley proporciona el marco para que este esfuerzo sea sistemático y generalizado. Estamos en la era donde la innovación y la sostenibilidad no son solo atractivos de marketing, sino requisitos fundamentales para operar y prosperar.
III. La Gobernanza del Agua: Coordinación y Transparencia para el Desarrollo
Uno de los aspectos más celebrados de la Ley General de Aguas 2025 es su énfasis en la gobernanza y la transparencia. La antigua complejidad burocrática y la opacidad en la gestión de derechos de agua eran obstáculos recurrentes. La nueva legislación busca simplificar y modernizar estos procesos, algo vital para la planeación estratégica urbana. Los mecanismos para la transmisión y asignación de derechos de agua han sido clarificados, lo que permite a los desarrolladores integrar la disponibilidad del recurso desde las etapas más tempranas de un proyecto, reduciendo incertidumbres y retrasos.
La ley también otorga mayor claridad a operadores y usuarios. Esto significa menos conflictos por el uso del agua, procesos más ágiles para la obtención de licencias y permisos, y una mayor rendición de cuentas por parte de todas las partes involucradas. La implementación de procesos modernos, a menudo digitalizados, para el monitoreo y el compliance regulatorio inmobiliario es un avance sustancial. Esto permite a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y a las autoridades estatales y municipales tener una visión más clara del uso del recurso y aplicar la normativa de manera más efectiva en las diversas regiones del país, que presentan desafíos hídricos muy distintos.

La colaboración entre el sector público, privado y las comunidades es el pilar de esta nueva gobernanza. Organizaciones como Amefibra, con su amplia experiencia en desarrollo sostenible inmobiliario, han desempeñado un papel crucial en este diálogo continuo. A través de mesas de trabajo y foros especializados, se han canalizado las necesidades técnicas y operativas de los desarrolladores, asegurando que la ley sea aplicable y efectiva en la práctica. Esta sinergia es fundamental para impulsar soluciones más eficientes y sostenibles, no solo dentro de los inmuebles, sino también en el contexto urbano más amplio. La consultoría ambiental inmobiliaria cobra especial relevancia en este escenario, guiando a los actores hacia el cumplimiento y la optimización.
IV. Impacto Económico y Resiliencia del Sector Inmobiliario en el Nuevo Paradigma
El impacto de la Ley General de Aguas 2025 en la rentabilidad desarrollo inmobiliario es profundo y de largo alcance. A primera vista, algunos podrían percibir los requisitos de sostenibilidad como costos adicionales. Sin embargo, mi experiencia me ha enseñado que son inversiones estratégicas que generan un retorno significativo a mediano y largo plazo. La certeza en el suministro de agua, la eficiencia operativa a través del reuso y la menor dependencia de fuentes externas se traducen en menores costos operativos y mayor atractivo para compradores e inquilinos conscientes.
Los fideicomisos de inversión en bienes raíces (FIBRAs), cada vez más orientados hacia criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), están priorizando proyectos que demuestran un compromiso real con la sostenibilidad hídrica. La valorización de propiedades con eficiencia hídrica es una tendencia global que en México se acelera gracias a este nuevo marco legal. Los activos que incorporan soluciones avanzadas de gestión del agua son percibidos como menos riesgosos, más modernos y con un mayor potencial de apreciación. Esto, a su vez, mejora el acceso a financiamiento verde y a tasas preferenciales, incentivando aún más la adopción de estas prácticas.
La resiliencia hídrica urbana ya no es un concepto académico, sino una necesidad operativa y un factor clave para la competitividad. En un escenario donde el cambio climático intensifica la variabilidad del agua, los desarrollos que han integrado la gestión autónoma del recurso están mejor posicionados para enfrentar periodos de escasez o interrupciones en el suministro. Esto reduce los riesgos operativos para desarrolladores y operadores de inmuebles, protegiendo su inversión y garantizando la continuidad de sus servicios. En esencia, la ley no solo mitiga riesgos, sino que abre nuevas oportunidades inversión bienes raíces en un mercado que valora cada vez más la sostenibilidad y la adaptabilidad.
La Ley General de Aguas de 2025 marca un punto de inflexión decisivo para el sector inmobiliario mexicano. Es un llamado a la acción para innovar, colaborar y construir un futuro más sostenible y próspero. La experiencia de una década en el campo me permite afirmar que aquellos que abracen este nuevo paradigma no solo cumplirán con la normativa, sino que liderarán el mercado, generando valor duradero y contribuyendo a la seguridad hídrica de nuestra nación.
El camino hacia un futuro hídrico más seguro, transparente y sostenible está trazado. Es el momento de transformar los desafíos en oportunidades. Les invitamos a sumergirse en este nuevo capítulo, a explorar las innovaciones que la Ley General de Aguas impulsa y a colaborar activamente en la construcción de un México más resiliente y próspero. Su participación es clave para edificar el mañana.

